MEXICALI, B.C. A 07 DE FEBRERO DEL 2026.- En un encuentro con vecinos de la colonia Loma Linda en Mexicali, Jesús Alejandro Ruiz Uribe, una de las figuras fundacionales de Morena en Baja California, lanzó un dardo directo contra la burocracia digital: «El servidor público desde un escritorio y mensajeando en un celular simula y no atiende a la población».
Bajo la premisa de seguir el ejemplo del expresidente López Obrador y la actual presidenta Claudia Sheinbaum, Ruiz Uribe insistió en que la clave de la gobernabilidad está en «sentir los latidos de la gente» y no en la comodidad de las oficinas refrigeradas. Sin embargo, esta postura, aunque romántica y políticamente redituable, abre un debate necesario sobre la eficiencia gubernamental.
La crítica constructiva radica en el equilibrio. Si bien es cierto que el funcionario que no conoce el bache, la falta de luz o la carencia social de primera mano pierde sensibilidad, también lo es que escuchar no es sinónimo de resolver.
El «anhelo de un mejor bienestar» que Ruiz Uribe menciona recoger en las colonias, requiere inevitablemente del «escritorio» para materializarse. Es en la oficina donde se gestionan los presupuestos, se diseñan las políticas públicas y se ejecutan las obras. Demonizar la labor administrativa o la gestión tecnológica («el celular») corre el riesgo de caer en un populismo de presencia: políticos que van mucho, abrazan mucho, pero resuelven poco porque no están donde se firman los papeles.
Al autodenominarse «fundador», Ruiz Uribe marca también una línea clara frente a los nuevos cuadros políticos, a menudo más tecnócratas. El reto para él y para quienes abanderan la política de «suela y sudor», es demostrar que esas visitas a colonias como Loma Linda se traducen en indicadores de bienestar medibles, y no solo en la validación de una aspiración política personal.
El pueblo es sabio, como citó el morenista, y esa sabiduría también le permite distinguir entre quien va a escuchar para trabajar, y quien va a escuchar solo para que lo vean.



