LA HISTORIA OCULTA DE CÓMO LA VIRGEN SOBREVIVIÓ A LA GUERRA CRISTERA

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12 de diciembre de 2025 ,
  • Mientras los fieles veneraban una copia en el altar, la imagen original permaneció tres años escondida en un domicilio particular del Centro Histórico para evitar su destrucción.

PLAYAS DE ROSARITO, B.C. A 12 DE DICIEMBRE DEL 2025.— Como cada año, millones de peregrinos inundan el atrio de la Basílica de Guadalupe para cantar las mañanitas a la «Morenita del Tepeyac». Sin embargo, entre la multitud y la celebración, pocos conocen uno de los capítulos más tensos en la historia de la sagrada imagen: el día en que tuvo que ser evacuada en secreto y escondida en un armario para sobrevivir.

El suceso se remonta a los años de la Guerra Cristera (1926-1929), un periodo de sangriento conflicto armado y persecución religiosa en México. Ante el temor fundado de que la imagen original fuera confiscada o destruida por las fuerzas federales, las autoridades eclesiásticas y fieles cercanos decidieron actuar.

Un operativo entre colchones

La operación para salvar el ayate de Juan Diego fue digna de una novela de espionaje. De acuerdo con registros históricos, la imagen fue retirada de su altar en la Basílica y camuflada dentro de un camión de mudanza, oculta entre colchones y muebles viejos para no levantar sospechas en los retenes militares.

El destino no fue un templo ni un búnker, sino una casa particular: la residencia del ingeniero Luis Felipe Murguía, ubicada en la calle de Madero, en pleno Centro Histórico de la capital.

Tres años en la oscuridad

Durante tres largos años, la imagen más venerada de México no estuvo rodeada de flores ni de cánticos, sino que permaneció encerrada en el doble fondo de un ropero diseñado específicamente para su resguardo.

El secreto fue guardado con tal celo que, durante todo ese tiempo, la Basílica continuó operando con normalidad aparente. Los miles de fieles que acudían a rezar durante el conflicto lo hacían, sin saberlo, ante una copia fiel colocada en el altar, mientras la original aguardaba en la oscuridad de un armario doméstico a que terminara la guerra.

Hoy, al conmemorarse una vez más su aparición, esta anécdota resuena como un testimonio de la convicción de quienes, arriesgando su seguridad, protegieron un símbolo que consideraban vital para la identidad y fe de la nación.

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