TIJUANA, B.C. A 18 DE JUNIO DEL 2025.– Un nuevo capítulo en la lucha contra el narcotráfico en la frontera México-Estados Unidos se escribió con el descubrimiento de un narcotúnel de 350 metros de longitud que conectaba una vivienda en la colonia Nueva Tijuana, Mesa de Otay, con una casa en San Diego, California. El pasadizo, que según reportes llevaba dos meses abandonado, fue detectado antes de que pudiera ser utilizado para actividades ilícitas, en un operativo que pone en evidencia los retos persistentes en la seguridad fronteriza.
El hallazgo, realizado durante una operación conjunta entre la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y agencias estadounidenses, sorprendió por su ubicación estratégica en una de las zonas más transitadas de la frontera. La entrada del túnel en Tijuana, ubicada en una casa particular en Mesa de Otay, fue localizada gracias a labores de inteligencia binacional. En el lado estadounidense, la propiedad donde finaliza el pasadizo está bajo el resguardo de la Administración para el Control de Drogas (DEA), que ha tomado el control de las investigaciones en territorio californiano.
Según información preliminar, el túnel, que no contaba con sistemas avanzados de ventilación ni iluminación, parecía estar en una etapa incompleta de construcción. Autoridades mexicanas estiman que el abandono del proyecto pudo deberse a la presión de los operativos de seguridad en la región o a conflictos internos entre los grupos criminales responsables. “El hecho de que no haya sido usado es una victoria para las fuerzas del orden, pero también un recordatorio de la audacia del crimen organizado”, señaló un funcionario de la Sedena que pidió mantenerse en el anonimato.
Las autoridades ya iniciaron el proceso de sellado del túnel con concreto para garantizar que no pueda ser reactivado. Este procedimiento, común en casos similares, busca neutralizar la infraestructura subterránea que, de haber sido operativa, habría facilitado el trasiego de drogas, armas o personas entre ambos países.
El descubrimiento reaviva la atención sobre Tijuana, una ciudad que históricamente ha sido un epicentro de narcotúneles debido a su cercanía con Estados Unidos. En las últimas dos décadas, más de 200 pasadizos similares han sido detectados en la región, muchos de ellos equipados con tecnología sofisticada. Sin embargo, este caso destaca por la prontitud con la que fue identificado, evitando que se convirtiera en una vía activa para el crimen organizado.
La Fiscalía General de la República (FGR) abrió una carpeta de investigación para dar con los responsables de la construcción del túnel, mientras que la DEA colabora en el análisis de la propiedad en San Diego para rastrear posibles vínculos con cárteles mexicanos. Hasta el momento, no se han reportado detenciones, pero las autoridades de ambos países aseguran que las indagatorias avanzan.
En Tijuana, el hallazgo ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos ciudadanos celebran la intervención oportuna, otros expresan preocupación por la persistencia de estas estructuras subterráneas. “Es increíble que sigan apareciendo túneles. ¿Qué tan vigilada está realmente la frontera?”, cuestionó María López, vecina de Mesa de Otay, en una entrevista con este medio.
El caso refuerza la necesidad de fortalecer la cooperación binacional y los sistemas de inteligencia para combatir el narcotráfico en una de las fronteras más dinámicas del mundo. Mientras el túnel es sellado, la pregunta que queda en el aire es cuántos más podrían estar aún ocultos bajo el suelo de Tijuana y San Diego.





