CIUDAD DE MÉXICO A 20 DE ABRIL DEL 2026. — “Si no hay bienestar, no se puede hablar de libertad”. Con esta frase, pronunciada durante la conferencia matutina de este lunes 20 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum intentó encapsular la filosofía de su administración. Es una máxima poderosa, diseñada para el aplauso y el titular, pero que, sometida al escrutinio del México actual, se convierte en un arma de doble filo para su propio gobierno.
Si tomamos la declaración al pie de la letra, nos obliga a preguntar: ¿De qué libertad y de qué bienestar estamos hablando hoy en el país?
El discurso del bienestar choca de frente con la crisis de seguridad. Horas antes de pronunciar esa frase, el país digería la muerte de agentes en Chihuahua tras un operativo fallido y desarticulado del gobierno federal. En estados fronterizos como Baja California, la premisa presidencial resuena con un eco amargo.
No hay libertad de tránsito cuando las carreteras están a merced de retenes apócrifos o del crimen organizado. No hay libertad de comercio cuando el cobro de piso asfixia a los pequeños empresarios. En términos llanos: la ausencia de una estrategia de seguridad efectiva —como lo evidencian las quejas diarias de la ciudadanía en redes sociales— anula por completo el «bienestar» base y, por ende, la libertad de la que habla el Ejecutivo.
En el terreno social, la presidencia enarboló esta frase para justificar el pase directo a preparatorias eliminando el examen COMIPEMS en 18 estados y el programa «Vida Saludable». Sin embargo, el bienestar educativo y de salud no se alcanza por decreto.
Los gremios docentes y las asociaciones de padres de familia han sido los primeros en señalar en foros públicos que saturar aulas sin incrementar el presupuesto no es garantizar el bienestar, es administrar la precariedad. De igual forma, celebrar el control artificial de precios de la canasta básica mientras la inflación real merma el poder adquisitivo en los mercados locales, demuestra que el concepto de «bienestar» gubernamental no siempre empata con la cartera del ciudadano.
La declaración de Claudia Sheinbaum es impecable como eslogan político, pero resulta insostenible como reflejo del país en 2026. Al establecer que el bienestar es la condición única para la libertad, la presidencia ha puesto su propia vara de medición.
Si la libertad de los mexicanos depende del bienestar que el Estado sea capaz de proveer y garantizar (en seguridad, salud, economía y medio ambiente, tras el reciente desastre de Pemex), el diagnóstico a ras de suelo indica que, hoy por hoy, esa libertad sigue siendo un privilegio escaso y no un derecho garantizado.


