ENTRE ABUSO POLICIAL, AMPAROS PLAYEROS Y DISCURSO PATRIO

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6 de febrero de 2026 ,

Por: PaVlito ClaVo un ClaVito

¡Qué tal, mis estimados lectores! Aquí estamos de nuevo, con el martillo en una mano y la lupa en la otra, porque esta semana la realidad superó a la ficción y vaya que hay madera donde clavar unos cuantos puntos sobre las íes. Agárrense, que venimos bravos.

ESTATALES

¿SERVIR Y PROTEGER… O COBRAR Y AMEDRENTAR?

Empezamos en la coqueta Tijuana, donde la Policía Municipal parece que anda confundida de enemigo. Resulta que elementos de la corporación protagonizaron un penoso «acto de autoridad» (léase: abuso de poder) contra el Vicepresidente y Presidente de la CANACO Tijuana. Si eso le hacen a los representantes del comercio organizado, a los que pagan impuestos y generan empleos, ¿qué nos espera a los simples mortales que caminamos por la Revolución? Dicen que fue una confusión, otros dicen que prepotencia pura. Lo cierto es que el alcalde Ismael Burgueño tiene una papa caliente en las manos. No se puede hablar de reactivación económica si tus propios uniformados andan cazando empresarios como si fueran malandros. ¿Y la seguridad en las colonias? Bien, gracias. ¡Clavado queda! 🔨

EL SHERIFF CONTRA EL FISCO

En Rosarito las olas no son lo único que está revuelto. El abogado y empresario Roberto Esquivel ha lanzado un grito de guerra: «Vamos a rescatar a Rosarito». Y no, no va a rescatarlo de una invasión alienígena, sino de algo que duele más en el bolsillo: el aumento de impuestos. Esquivel ha iniciado una batalla legal (amparo en mano) contra lo que llama cobros excesivos del Ayuntamiento. La narrativa es clara: el gobierno quiere exprimir la naranja hasta dejarla seca, y el sector empresarial dice «ya basta». Si el «Texano» logra sentar un precedente, agárrense en Tesorería, porque se les puede venir una cascada de amparos. Al final, el ciudadano se pregunta: ¿Suben los impuestos porque mejoraron los servicios, o nomás porque necesitan llenar el cochinito? Es pregunta, no se me ofendan. 🔨

NACIONALES

MÉXICO Y CUBA: AMORES QUE MATAN (O CUESTAN)

En el plano nacional, la cosa se pone color hormiga. La relación México-Cuba sigue dando de qué hablar y nos muestra los límites de nuestra política exterior. Mientras el mundo gira hacia un lado, nosotros seguimos mandando petróleo y abrazos a la isla. No tiene nada de malo ser solidarios, el problema es cuando la solidaridad se convierte en complicidad con regímenes que no son precisamente un ejemplo de democracia. La diplomacia mexicana anda caminando en la cuerda floja, y entre más nos acercamos a ciertos «amigos», más nos miran con lupa los socios comerciales del norte. A veces, «el respeto al derecho ajeno» se confunde con «hacerse de la vista gorda». ¡Ojo ahí! 🔨

«MÉXICO NO SE ARRODILLA»… PERO CÓMO SUFRE LAS RODILLAS

Y ya para cerrar, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó el aniversario de la Constitución para soltar una de esas frases que se imprimen en mármol: “México no se arrodilla ni se vende”. El discurso soberanista siempre arranca aplausos y enchina la piel. Pero del dicho al hecho, hay mucho trecho (y mucha deuda). Defender la soberanía es vital, nadie lo niega, pero la verdadera soberanía se construye con una economía fuerte, con seguridad interna y con un Estado de Derecho que funcione, no solo con discursos en el Teatro de la República. Decir que no nos arrodillamos está muy bien, pero ojalá tampoco nos tropecemos con nuestros propios pies. La Constitución del 17 es una joya, lástima que a veces la tratamos como letra muerta.

Así las cosas, mis estimados. Mientras allá arriba —en el centro del país— se llenan la boca de patria, soberanía y discursos históricos, acá en la frontera la realidad tiene otros datos. Nos defendemos de los propios «guardianes» que deberían protegernos y peleamos contra la voracidad fiscal de quienes prometieron austeridad. La soberanía no solo es decirle «no» al extranjero; soberanía también es que el ciudadano pueda abrir su negocio sin miedo a la extorsión (oficial o no) y que el contribuyente vea sus impuestos en las calles, no en la nómina. Ojalá que el martillo de la justicia empiece a golpear los clavos correctos, porque la paciencia, como la madera vieja, también se astilla.

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